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Mensaje del 19 de Junio del 2014

“Yo soy luz, habito en las almas y las alimento de mí. Cuando bajo del cielo al transformar el pan y el vino mi cuerpo se convierte en vida para las almas que si reconocen que sustento la vida. Yo doy amor a mis hijos, los lleno de alegría y habito en ellos”.



Profecías, Decretos, Preceptos y Conjeturas dictados por la Santísima Virgen, Jesús y Dios Omnipotente Uno y Trino a mi alma mexicana.
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Jueves 19 de Junio del 2014.     Santa Misa y adoración al Santísimo 6:00 p.m.

Solemnidad de Corpus Christi
(En México se celebra hoy jueves y en otros países el domingo)

Hijos queridos!
     El odio ha contaminado el Mundo. Se ha arraigado en las almas y el desconocimiento a mi presencia en el Mundo hace que la vida sea deteriorada por no reconocer que yo soy alimento puro, que bajo del cielo y moro y habito en las almas fieles. La lasitud (pereza) pierde a las almas. El desconocimiento a un Dios bueno hace que la vida se deprecie y muera el Mundo pagano. La idolatría se ha apoderado de las almas que acaban por cambiar el amor de un Padre por un Mundo que pierde y acaba con la vida.
     Yo soy luz, habito en las almas y las alimento de mí. Cuando bajo del cielo al transformar el pan y el vino mi cuerpo se convierte en vida para las almas que si reconocen que sustento la vida. Yo doy amor a mis hijos, los lleno de alegría y habito en ellos. Para poder vivir unidos se necesita una entrega que denote un servilismo hacia mí, donde reconozcan que para poder vivir hay que proclamar la palabra que soy yo. Yo vine a traer vida al Mundo, con ella acabé con la muerte que trajo el pecado. Quien reconoce que sustento la vida sabe que yo doy alegría infinita a mis hijos. Decídanse por seguirme. Yo soy bueno y no hago sufrir a mis hijos. Quien dice que mi vida trajo dolor al Mundo no reconoce el sacrificio que hice. Por él el Mundo se salvó. Yo vine, me hice hombre y cuando me fui dí testimonio que dejaría a mi Espíritu Santo que habita en las almas dóciles. Al habitar en ellas yo reconozco el merecimiento que me hacen. Si son fieles les doy vida y las atraigo a un Mundo nuevo donde el dolor acabe. Al sufrir el alma va perdiendo la capacidad de reconocimiento hacia mí porque no saben que doy vida. Ayudo a las almas a permanecer  fieles a mí y las lleno de gracia. Con la gracia se santifican y se llenan de alegría.
     Yo soy el pan que vino del cielo. Quien vive en mí no perece sino tiene vida eterna. Porque la vida que doy es para que ustedes reconozcan a un Dios que habla, se mueve y habita en el Mundo. Mi vida dí por ustedes. Al partir dejé mi unión que participó la salveza,  dejando sustento de la palabra viva que dio alegría y que trajo la unión entre ustedes y yo. Al hablar moré en las almas dóciles y viví para siempre en ellas. Quien vive para mí recibe mi cuerpo que alimenta, da vida y sana. Porque al participar de la Eucaristía y transformarse mi cuerpo bendito dí al mundo el sustento que dejó libertad y esa libertad es morir al pecado y renacer en mí. Quien habita en mí no perece. Más sin embargo el infinito amor que doy requiere constancia. Quien come mi cuerpo vive para siempre. Yo habito en las almas nobles. Doy sustento de la unión que fortifica la comunión a través del pan que alimenta, porque este pan es mi cuerpo y mi sangre purifica a las almas apagando el pecado. Hoy el pecado se ha arraigado mucho porque no conocen que vine a dar muerte a la maldición que trajo Satanás al Mundo. El pecado entró por él y la desobediencia hizo que mis hijos murieran. Quien muere por desobedecer mis mandamientos y mis leyes se va al infierno.
     La vida habita en las almas y esa vida purifica. La retribución de la constancia en la comunión hace que mis hijos sean revestidos de la verdad. Esa verdad inunda a las almas y las hace participar la fe que pregonan con buenos gestos que hagan que mis hijos reconozcan en mí a un Dios que se apiada de sus hijos que sufren y desea que sean salvos. La salvedad existe en las almas que se hacen dóciles a mí. Al transformar el pan y el vino yo vengo a morar en ustedes porque se convierte en mi cuerpo Santo y mi sangre Bendita.
     He venido a alimentarlos. Quien come de mí no muere porque la vida que doy retribuye la paz insondable necesaria para estos tiempos donde es difícil seguir el camino que trazo. La perdición constante asecha a mis hijos. El desconocimiento de un Dios bueno que habla y vive hace que mis hijos se pierdan. Yo sí hablo. Vivo en las almas dóciles y doy testimonio de mi presencia a través de signos manifiestos que debilitan el mal que habita en las almas. Al hablarles les doy sabiduría y esa sabiduría hace que reconozcan mi palabra que dejó sustento en la Biblia Sagrada. Cuando mi palabra crece en las almas se hacen dóciles a mí. Más sin embargo la fe necesaria solo se sostiene de la verdad que soy yo. Sin fe no se vive. El temor que viene de mí hace que sus almas reconozcan que la ofensa, la ingratitud y la deslealtad hacen morir mi vida en ustedes. El Santo temor ayuda a las almas a dar sentido a sus vidas al reconocerse pecadores y obligarse a cambiar. Yo vengo a invitarte a seguirme. Si me sigues yo te llevo a un Mundo nuevo, te sano, te curo y te doy vida. La vida da amor y con el amor muere el pecado que deja odios en el Mundo. Arrepiéntete! Renuncia al Mundo por mí y has de tu vida un anhelo bueno donde reconozcas que para vivir necesitas sustento de mí. Gracia infinita te doy si me sigues y con ella recibes la alegría de ser salvo. La salvedad se consigue a través de las buenas obras. Fe sin obras no sirve. Yo vine a dejar sustento de que para seguirme deben dar testimonio con sus obras. Las obras debilitan la deslealtad porque la conmiseración  da sustento de mi amor a mis hijos. Al reconocerme se hacen dóciles a mí y yo vengo a morar en ellos.
     Hay que debilitar el pecado en el Mundo. Para hacerlo es necesaria la comunión. Esta comunión se consigue si me aman y están dispuestos a seguir mis pasos que sustentan que vivo y doy a mis hijos lo necesario para vivir. Yo ayudo a las almas, sigo sus pasos y les hago saber que el amor se da gratuito, se manifiesta a través de las obras y se alegra con mi presencia. Déjense amar por mí. Los espero siempre con los brazos abiertos. La Eucaristía necesaria para vivir sustenta el amor que soy yo. Vengan a mí mis hijos amados que yo les doy vida y esa vida es grata cuando aprenden a caminar junto a mí. El amor tómenlo y llévenlo al Mundo. Digan que existo y vivo para siempre. Amén
Jesús misericordia Divina


Mis amados hijos!
     El cuerpo de mi amado Hijo enaltece la vida, sustenta la gracia y hace dóciles a los pecadores que saben renunciar al mal. Tomen el cuerpo bendito de mi amado Hijo y salven su vida arrepintiéndose oportunamente de sus pecados. Tomen la fuerza que les da para seguir la vida y no dejen su presencia manifiesta a través de este signo que alimenta su alma. Los amo.  A todos mis hijos les digo que no dejen de orar por el Mundo que sufre y hagan de la vida una alegría nueva a través de la unión con mi Hijo amado. Amén
Dios Omnipotente Uno y Trino


Ángeles míos!
     El dolor de una Madre es saberse abandonada. Un Padre sufre lo mismo. Así mi Hijo sufre por las almas que dedicaron su vida al Sacerdocio y perecen por no obedecer a un Dios que les habla. La desobediencia se arraiga en las almas que se consagraron y con ésta la muerte llega a ellos. La infusión paráclita que da sustento da vida. Esta vida se manifiesta a través de signos que dan sustento de que mi Hijo habita en la Eucaristía Santa. Quien come de él no perece. Más sin embargo se han olvidado de honrarle como debería al no enaltecer su manifestación a través de ella.
     La vida vino a dar sentido a las almas que reconocieron en mi Hijo que su muerte da salveza. Esta salveza se consigue solo si le siguen a él. Habiten en él y no olviden consagrar su vida al servicio. Porque las obras dan ejemplo y ese ejemplo es el amor que perdura por siempre.
     Rompan la barrera contra el mal y hagan de su vida un augurio que enaltezca la vida. Los amo. Coman su cuerpo bendito, alimento para las almas. Amén
Santa María del Corazón Inmaculado


Juan 6
Jesús, el pan de la vida
25 Al llegar ellos al otro lado del lago, encontraron a Jesús y le preguntaron:
—Maestro, ¿cuándo viniste acá?
26 Jesús les dijo:
—Les aseguro que ustedes me buscan porque comieron hasta llenarse, y no porque hayan entendido las señales milagrosas.27 No trabajen por la comida que se acaba, sino por la comida que permanece y que les da vida eterna. Ésta es la comida que les dará el Hijo del hombre, porque Dios, el Padre, ha puesto su sello en él.
28 Le preguntaron:
—¿Qué debemos hacer para realizar las obras que Dios quiere que hagamos?
29 Jesús les contestó:
—La única obra que Dios quiere es que crean en aquel que él ha enviado.
30 Le preguntaron entonces:
—¿Qué señal puedes darnos, para que al verla te creamos? ¿Cuáles son tus obras? 31 Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: “Les dio a comer pan del cielo.”
32 Jesús les contestó:
—Les aseguro que no fue Moisés quien les dio a ustedes el pan del cielo, sino que mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo.
34 Ellos le pidieron:
—Señor, danos siempre ese pan.
35 Y Jesús les dijo:
—Yo soy el pan que da vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed. 36 Pero como ya les dije, ustedes no creen aunque me han visto. 37 Todos los que el Padre me da, vienen a mí; y a los que vienen a mí, no los echaré fuera. 38 Porque yo no he bajado del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad de mi Padre, que me ha enviado. 39 Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite en el día último. 40 Porque la voluntad de mi Padre es que todos los que miran al Hijo de Dios y creen en él, tengan vida eterna; y yo los resucitaré en el día último.
41 Por esto los judíos comenzaron a murmurar de Jesús, porque afirmó: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.» 42 Y dijeron:
—¿No es este Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?
43 Jesús les dijo entonces:
—Dejen de murmurar. 44 Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre, que me ha enviado; y yo lo resucitaré en el día último.45 En los libros de los profetas se dice: “Dios instruirá a todos.” Así que todos los que escuchan al Padre y aprenden de él, vienen a mí.
46 «No es que alguno haya visto al Padre; el único que lo ha visto es el que procede de Dios. 47 Les aseguro que quien cree, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan que da vida. 49 Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y a pesar de ello murieron; 50 pero yo hablo del pan que baja del cielo; quien come de él, no muere. 51 Yo soy ese pan vivo que ha bajado del cielo; el que come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi propia carne. Lo daré por la vida del mundo.»
52 Los judíos se pusieron a discutir unos con otros:
—¿Cómo puede éste darnos a comer su propia carne?
53 Jesús les dijo:
—Les aseguro que si ustedes no comen la carne del Hijo del hombre y beben su sangre, no tendrán vida. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día último. 55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, vive unido a mí, y yo vivo unido a él. 57 El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él; de la misma manera, el que se alimenta de mí, vivirá por mí. 58 Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron los antepasados de ustedes, que a pesar de haberlo comido murieron; el que come de este pan, vivirá para siempre.


Lucas 22
14 Cuando llegó la hora, Jesús y los apóstoles se sentaron a la mesa. 15 Jesús les dijo:
—¡Cuánto he querido celebrar con ustedes esta cena de Pascua antes de mi muerte! 16 Porque les digo que no la celebraré de nuevo hasta que se cumpla en el reino de Dios.
17 Entonces tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, dijo:
—Tomen esto y repártanlo entre ustedes; 18 porque les digo que no volveré a beber del producto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.
19 Después tomó el pan en sus manos y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:
—Esto es mi cuerpo, entregado a muerte en favor de ustedes. Hagan esto en memoria de mí.
20 Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo:
—Esta copa es la nueva alianza confirmada con mi sangre, la cual es derramada en favor de ustedes.


1 Corintios 10

14 Por eso, mis queridos hermanos, huyan de la idolatría. 15 Les hablo como a personas entendidas: juzguen ustedes mismos lo que les digo. 16 Cuando bebemos de la copa bendita por la cual bendecimos a Dios, participamos en común de la sangre de Cristo; cuando comemos del pan que partimos, participamos en común del cuerpo de Cristo. 17 Aunque somos muchos, todos comemos de un mismo pan, y por esto somos un solo cuerpo.
18 Fíjense en el pueblo de Israel: los que comen de los animales ofrecidos en sacrificio, participan en común del servicio en el altar. 19 Con esto no quiero decir que el ídolo tenga valor alguno, ni que la carne ofrecida al ídolo sea algo más que otra carne cualquiera. 20 Lo que digo es que cuando los paganos ofrecen algo en sacrificio, se lo ofrecen a los demonios, y no a Dios, y yo no quiero que ustedes tengan nada en común con los demonios. 21 No pueden beber de la copa del Señor y, a la vez, de la copa de los demonios; ni pueden participar de la mesa del Señor y, a la vez, de la mesa de los demonios.


Juan 14
6 Jesús le contestó:
—Yo soy el camino, la verdad y la vida. Solamente por mí se puede llegar al Padre. 7 Si ustedes me conocen a mí, también conocerán a mi Padre; y ya lo conocen desde ahora, pues lo han estado viendo.


Juan 14
Jesús promete enviar el Espíritu Santo
15 »Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. 16-17 Y yo le pediré al Padre que les mande otro Defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con ustedes. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero ustedes lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes.
18 »No los voy a dejar huérfanos; volveré para estar con ustedes. 19 Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán; pero ustedes me verán, y vivirán porque yo vivo. 20 En aquel día, ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes están en mí, y yo en ustedes. 21 El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que de veras me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también lo amaré y me mostraré a él.


Proverbios 4
5 Adquiere sabiduría y buen juicio;
no eches mis palabras al olvido.
6 Ama a la sabiduría, no la abandones
y ella te dará su protección.
7 Antes que cualquier otra cosa,
adquiere sabiduría y buen juicio.
8 Ámala, y te enaltecerá;
abrázala, y te honrará;
9 ¡te obsequiará con la más bella guirnalda
y te coronará con ella!»
10 Atiende a mis palabras, hijo mío,
hazlas tuyas y aumentarán los años de tu vida.
11 Yo te llevaré por el camino de la sabiduría:
te haré andar por el buen camino,
12 en el que no habrá estorbos a tu paso,
en el que no tropezarás aun cuando corras.
13 Aférrate a la instrucción y no la descuides;
ponla en práctica, pues es vida para ti.


Santiago 2
La fe se muestra con los hechos
14 Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe, si sus hechos no lo demuestran? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe?15 Supongamos que a un hermano o a una hermana les falta la ropa y la comida necesarias para el día; 16 si uno de ustedes les dice: «Que les vaya bien; abríguense y coman todo lo que quieran», pero no les da lo que su cuerpo necesita, ¿de qué les sirve?17 Así pasa con la fe: por sí sola, es decir, si no se demuestra con hechos, es una cosa muerta.
18 Uno podrá decir: «Tú tienes fe, y yo tengo hechos. Muéstrame tu fe sin hechos; yo, en cambio, te mostraré mi fe con mis hechos.» 19 Tú crees que hay un solo Dios, y en esto haces bien; pero los demonios también lo creen, y tiemblan de miedo. 20 No seas tonto, y reconoce que si la fe que uno tiene no va acompañada de hechos, es una fe inútil.
 26 En resumen: así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe está muerta si no va acompañada de hechos.

Dominus es vivus <3


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